Autocuidado sin ternura es exigencia haciendo el perro bocabajo, o ¿por qué lo llaman autocuidado cuando lo deberían llamar ternura?

 
 

Te voy a contar las dos patas que tiene quererse, pero que la gente confunde con cuidarse.

“Es mentalizarse y quererse de verdad, sano, ese cuerpo, tener potencia, ser feliz, quererte tú mismo a quererte tu mucho, porque quiere también al que tiene a tu lao y todo sale de verdad, de deporte.” – El Cordobés, bullfighter y filosofo del deporte.

 

Si lo miras en redes sociales, no deja de sorprenderme la cantidad de obligaciones que trae.

Lo conté un día por aquí (enlace).

Y es que, el desde dónde lo es todo (venga, otro enlace, a ver si cumplo con mi sueño de tener uno para cada situación de la vida como en los Simpson). 

 

Agendar el autocuidado.

Esto es como si te digo hielo abrasador o político decente… ¿Qué es eso de tener que ponérselo en el calendario?

 

Ojo-cuidao, que es distinto actuar con estrategia y hacértelo fácil, a ponerte más tareas que el que tapa los escándalos al Emérito.

¡Ole! si te pones un recordatorio para que no se te pase, ¡uff! si es para doblegarte.

 

Todas y cada una de las actividades para ti, “deberían” tener el ingrediente imprescindible del cuidado: la ternura.

Incluso es para echarlo en: el ir al trabajo que odias o a ver a la suegra que aborreces.

Y desde ahí, junto con otras emociones (que no te cuento ahora, porque nos eternizamos y lleno esto de enlaces), hacer cosas para que pasen cosas.

 

Lo que veo mucho es:

  • Tener la hora bloqueada para darte caña en el GYM.

  • Ir al super con menos permiso que un preso de la edad media o un atleta de élite.

  • Arreglarte frente al espejo (que es muy bueno, si te ves la belleza en la historia que cuenta tu cara, pero no si miras la decrepitud de la misma arruga).

  • Ir a yoga que, de una maldita vez, te tiene que salir la vela sin temblar.

  • Decirte las cosas bonitas escritas en una lista pegada en el frigo (que es la única forma de que no se te olvide).

  • Estar tus 30 minutos de mindfulness, pese a que te cruja la rodilla.

  • Impostar la sonrisa de tu foto de fondo, de la frase del bestseller de turno de autoayuda. Y si no estás para sonrisa: mete los pies en la arena, llena la copa o fotografía las luces del balcón.

 

¿Y el anillo pa’cuándo?

El del compromiso por ti, no por la tarea.

Es casarte con el amorcito que te tienes (pero no porque no te queda otra), por sentirlo de verdad.

 

A mí, no siempre me sale tenerme la mirada amable, y me miro el michelín para ir a hacer deporte y no el beneficio futuro.

Pero luego lo recuerdo y me lo perdono.

 

Esto no va de hacerlo perfecto, va de hacerlo por la razón apropiada.

Como el matrimonio.

 

 

La ternura tiene dos patas: El cuidado y la aceptación.

 

“Cuando se confunde quererse con autocuidado, y se deja fuera la aceptación, se presta rauda la exigencia a tomar el CONTROL.”

Manu Galán (gustándome a mí mismo en la frase).

 

El cuidado,

no solo contempla las “tareas” del cuerpo, la alimentación y regulación emocional, que podrías sacar de la lista del carrito de la compra de Amazon:

 

  • Empieza por la no vulneración.

De los de fuera, pero también por ti…

 

  • Se vive desde un “merezco la pena porque soy irrepetible”: encuentras en ti el tesoro, tu valor.

 

  • Y el autocuidado, llega como consecuencia, pero tiene un ojo puesto en tu ecosistema.

Si tienes tres criaturas y vas a pilates, que sea por ser tu momento,

no para sacar te el selfie (ego),

que el culo no se te caiga como a fulanita (miedo),

que no te pongan falta (pertenencia)…

 

Se resume como el placer íntimo vinculado a ti.

Cuidarte con placer, desde tu valor, sin vulnerarte por estrujarte. 

 

La aceptación,

Es la otra pata.

Pero no vale una aceptación cualquiera, la que es por ti.

 

Como esto ya tiene mucho que digerirse (degustarse si estás en ternura), y bien vale por una cena en un Estrella Michelín, te lo dejo para el siguiente correo.

 

 

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Un tierno abrazo,

Manu

  

PD 1: Si escuchas “Jo, tía es que no te quieres”.

¡Uff! para empezar con la frasecita y luego mira por dónde se escapa la ternura.

 

PD 2: Ni me hace falta conocerte para saber que tienes valor, pero si lo dudas, hay más de ti por descubrir.

Ya sabes, la “A” de mi método.

 

PD 3: No te escapes de la ternura sin la segunda pata del siguiente artículo… irás cojeando por la vida.

 

PD 4: Esto se lo mando a mis suscriptores.

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Manu Galán

Coach, facilitador y formador en desarrollo personal. Servicios para particulares y empresas.

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